ANTONIO DYURICH

abril 24, 2010

[Artículo de opinión publicado el martes 20 de abril de 2010 en el diario El Yaracuyano, de San Felipe, estado Yaracuy]

El Padre Vicente

El pasado primero de abril se cumplieron treinta años de la desaparición física del Padre Vicente Lambruschini, cura obrero, chivacoeño, nacido en Italia a quien varias generaciones de la Chivacoa de mis tormentos le debemos mucho y a quien nunca debería olvidar mi pueblo. Y si Chivacoa le debe mucho, quiere decir, necesariamente, que Yaracuy le debe mucho. Pero esa fecha pasó desapercibida.

Ahora nos aprestamos a celebrar los 60 años de la creación del Colegio Santa María. Una de las instituciones educativas más importantes de nuestro estado, nacida de su vocación de educador junto al trabajo, desprendimiento y dedicación de las Hermanitas del Colegio, como las llamamos cariñosamente, Hermanas de la Presentación, formalmente.

El Padre Vicente llegó con apenas 28 años de edad a Chivacoa, hacía cuatro se había ordenado sacerdote. A Venezuela llega el 28 de abril y a Chivacoa el sábado 4 de junio de 1949, Lo recibe el jefe civil de la época, Don Eduardo Morales y se instala en la vieja casa cural, ubicada en la esquina de la avenida 9 con calle 9. Lo esperaba un chinchorro y unas viejas imágenes religiosas, quienes lo acompañarán en aquellos primeros días. Llega para ser el cura párroco de Chivacoa, Campo Elías, Urachiche y Sabana de Parra. Oficia su primera misa al día siguiente de su llegada, el domingo 5 de junio, Día de Pentecostés,  festividad de la venida del Espíritu Santo. Adelis Chirinos fue su primer monaguillo.

Como era un cura obrero y había sido capellán de éstos en Italia y Suiza, ingresa como chofer (recordemos que en aquellos años -1949- eran pocos los hombres que sabían manejar) en el Central Matilde, cuya primera zafra comenzaba en aquel año. Fue allí, reparando un camión, que a Don Jesús Azqueta, propietario de la factoría azucarera, le llama la atención aquel joven que lleva una cruz colgada del pecho y pacientemente soporta los improperios de un caporal abusador. Es entonces cuando se entera de que ese joven trabajador era el cura párroco de Chivacoa. Le ofrece ayuda para que se dedique a su trabajo pastoral. En ese momento empieza a germinar la semilla de ese frondoso árbol de la sabiduría y de la solidaridad que conocemos como Colegio Santa María.

Los que fuimos sus discípulos sabemos de su empeño por traer la Universidad a Chivacoa, que era decir a Yaracuy. Veía como sus muchachos, aquellos a quienes sus padres podían financiarles sus estudios, al terminar el bachillerato debían emigrar de su pueblo y de su estado y como a otros los alcanzaba el futuro con apenas 15 o 16 años. A esa tempranísima edad se acababan las opciones  de estudio para ellos por lo que debían ir al mercado de trabajo.

Por eso su empeño en traer la Universidad a Chivacoa. Y fue en El Ceibal, en unas hermosas instalaciones que había construido para que allí funcionara una escuela agrícola, donde tuvo su primera sede  el Instituto Universitario Tecnológico de Yaracuy, el IUTY. El presidente Caldera había decretado su creación y el Padre Vicente, con un canon de arrendamiento de un (1) bolívar anual, las cedió para que allí funcionara el IUTY. Allí nació la Universidad de Yaracuy.

Hoy, con dolor, vemos como hombres de la talla y envergadura de Monseñor Vicente Lambruschini, son olvidados por un estado y unas instituciones y distraen recursos y esfuerzos en la construcción de una historia en la que parece, según esa visión mezquina,  que en nuestro estado no ha habido nunca un yaracuyano digno de ser reconocido y honrado.

Hoy, a treinta años de su muerte, lo recuerdo y le escribo a la gente de mi pueblo, a los muchachos de la Chivacoa de mis tormentos, para que le pregunten a sus abuelos, a sus maestros, a sus padres, quién fue ese hombre que junto a las Hermanas de la Presentación fundó el Colegio Santa María y le dio el respaldo fundamental al IUTY para que la Universidad brotara en nuestro suelo.

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Como yaracuyano, nacido en Chivacoa y discípulo de Monseñor Vicente Lambruschini, comparto todo lo dicho en su honor   por Antonio Dyurich  en su artículo y de allí este otro espacio para divulgarlo. (Orlando Asuaje Garcés)

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Una respuesta to “ANTONIO DYURICH”

  1. oswaldho Says:

    feliz dia
    Gracias por recordar a este inminente hombre quien siempre fue un alma dispuesto a ayudar a todos.
    Ademas una observacion. Muchas veces he leido a periodistas, profesores y otros profesionales usando el termino “desapercibido”, el cual esta mal empleado al referirse a personas. Se perciben los olores y el termino correcto es “inadvertido”.


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